LA Antigua Guatemala

La Merced

LA MERCED

Los mercedarios fueron de los primeros en fundar un convento de hombres en la capital de Santiago de Guatemala. Su primera edificación en Almolonga (hoy San Miguel Escobar) aún persistía parcial y vaciada cuando se devastó la segunda capital y no se les concedió de inmediato propiedades en la nueva capital.

No obstante, gozaron con la intervención del Obispo Francisco Marroquín para que el Cabildo les determinara terrenos en el final del norte de la ciudad. Entretanto más de dos siglos, los mercedarios pelearon para erigir un templo pero los constantes sismos se opusieron a ello. La cruz de piedra del atrio y el aposento ubicado atrás del altar mayor es lo más antiguo de La Merced (XVII).

En 1749 se encomendó la edificación del ostentoso santuario y claustro, que aún persisten en pie, al Arquitecto Juan de Dios Estrada. Con discernimiento de arquitectura asísmica y asentándose en las dificultades ocasionadas por los sismos anteriores, específicamente el de 1751, Estrada erigió un nuevo santuario con proporciones más bajas. Se aprecian los arcos y columnas con anchuras más adecuadas para lidiar los terremotos, paredes más extensas y anchas, los formidables refuerzos y la portada que suministran mayor permanencia y confianza a este inmueble colosal. La apertura tuvo lugar, en 1767, con las formalidades convenientes a la época.

Dos enormes e impresionantes torres-campanarios, de relativa baja proporción, se imponen en la fachada barroca de la iglesia. En la parte superior aparece la figura de San Pedro Nolasco, el fundador de la Orden Mercedaria en el siglo XIII y quien se dedicara a rescatar a los prisioneros castellanos de los moros. Lo acompañan las figuras de dos mercedarios y el escudo mercedario. La figura de Nuestra Señora de las Mercedes está situada en el nicho central de la fachada. Del lado izquierdo se aprecian las esculturas en ladrillo y estuco de San Raymundo Nonnatus y San Pedro Arinengol con un lazo que indica su condición de mártir por haber sido ahorcado y, del lado derecho, al obispo mercedario San Pedro Pascual y a la primera monja mercedaria, Santa Maria de Cervellón. El ataurique de decoración floral de la fachada le imprime particular belleza

Hoy la iglesia de La Merced es una las escasas que se halla en uso en la vieja capital. Realmente hermosa, cuenta con diversas imágenes coloniales reverenciadas, sin embargo la el conjunto del arte mercedario se halla en la iglesia de igual nombre en la actual capital. La solemne imagen barroca del Jesús Nazareno fue tallada por Alonzo de la Paz y Toledo en 1650 y es una de labores de mayor categoría por su escultura procesional y su mirada aguda. Esta imagen anda las calles de la ciudad el domingo de Ramos y el Viernes Santo, escoltada por las imágenes de la Virgen Dolorosa, tallada por Pedro de Mendoza, Jesús de La Columna, Jesús Resucitado y San Pedro.

Los mercedarios fueron de los primeros en fundar un convento de hombres en la capital de Santiago de Guatemala. Su primera edificación en Almolonga (hoy San Miguel Escobar) aún persistía parcial y vaciada cuando se devastó la segunda capital y no se les concedió de inmediato propiedades en la nueva capital. No obstante, gozaron con la intervención del Obispo Francisco Marroquín para que el Cabildo les determinara terrenos en el final del norte de la ciudad. Entretanto más de dos siglos, los mercedarios pelearon para erigir un templo pero los constantes sismos se opusieron a ello.

La cruz de piedra del atrio y el aposento ubicado atrás del altar mayor es lo más antiguo de La Merced (XVII).

En 1749 se encomendó la edificación del ostentoso santuario y claustro, que aún persisten en pie, al Arquitecto Juan de Dios Estrada. Con discernimiento de arquitectura asísmica y asentándose en las dificultades ocasionadas por los sismos anteriores, específicamente el de 1751, Estrada erigió un nuevo santuario con proporciones más bajas.

Se aprecian los arcos y columnas con anchuras más adecuadas para lidiar los terremotos, paredes más extensas y anchas, los formidables refuerzos y la portada que suministran mayor permanencia y confianza a este inmueble colosal. La apertura tuvo lugar, en 1767, con las formalidades convenientes a la época.

Dos enormes e impresionantes torres-campanarios, de relativa baja proporción, se imponen en la fachada barroca de la iglesia. En la parte superior aparece la figura de San Pedro Nolasco, el fundador de la Orden Mercedaria en el siglo XIII y quien se dedicara a rescatar a los prisioneros castellanos de los moros.

Lo acompañan las figuras de dos mercedarios y el escudo mercedario. La figura de Nuestra Señora de las Mercedes está situada en el nicho central de la fachada. Del lado izquierdo se aprecian las esculturas en ladrillo y estuco de San Raymundo Nonnatus y San Pedro Arinengol con un lazo que indica su condición de mártir por haber sido ahorcado y, del lado derecho, al obispo mercedario San Pedro Pascual y a la primera monja mercedaria, Santa Maria de Cervellón.

El ataurique de decoración floral de la fachada le imprime particular belleza.

Hoy la iglesia de La Merced es una las escasas que se halla en uso en la vieja capital. Realmente hermoso, cuenta con diversas imágenes coloniales reverenciadas, sin embargo la el conjunto del arte mercedario se halla en la iglesia de igual nombre en la actual capital. La solemne imagen barroca del Jesús Nazareno fue tallada por Alonzo de la Paz y Toledo en 1650 y es una de las labores de mayor categoría por su escultura procesional y su mirada aguda. Esta imagen anda las calles de la ciudad el domingo de Ramos y el Viernes Santo, escoltada por las imágenes de la Virgen Dolorosa, tallada por Pedro de Mendoza, Jesús de La Columna, Jesús Resucitado y San Pedro.

Al mismo tiempo la capital se hallaba en ruinas julio de 1773, la iglesia de La Merced resistió poco debido a su ostentosa cimentación. No obstante, los seis meses un segundo terremoto sacudió la urbe de tal modo que el claustro se hundió y fue vaciado al igual que todas las construcciones religiosas de Santiago. Consecutivamente se verificó el traslado a La nueva capital.

El convento de La Merced tiene la fuente más colosal de la capital. Perfectos Querubines acicalan la porción superior y cuatro viaductos parten del pie hacia los filos del claustro principal.

Escenario para celebraciones de creyentes y educativos, el atrio de La Merced sobresale por su hermosura barroca. Una perfecta fuente de piedra esculpida, nativa del claustro principal del claustro de San Francisco el Grande, se halla allí desde que fuera transpuesta en 1944.

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